Cómo maridar pastas y vinos: una guía simple

Actualizado: 9 sept
Maridar sin complicarse
Elegir un vino para acompañar una pasta puede parecer un asunto reservado para especialistas. Palabras como acidez, cuerpo o intensidad suenan muy técnicas cuando, en realidad, la idea es bastante simple: que lo que comemos y lo que tomamos se acompañen sin competir.
No existe una combinación única ni una respuesta capaz de satisfacer todos los gustos. Pero hay algunas pistas que pueden ayudarnos a elegir con más confianza.
La clave está en la salsa
La pasta tiene un sabor relativamente neutro. Por eso, al pensar en el vino conviene mirar primero la salsa y, si se trata de una pasta rellena, considerar también sus ingredientes.
Una salsa fresca y liviana no necesita el mismo vino que un tuco con carne. Tampoco una preparación con pesto se comporta igual que una salsa cremosa. La intensidad del plato y la del vino deberían mantenerse en un nivel parecido.
Pastas con salsa de tomate
El tomate tiene una acidez marcada. Para acompañarlo conviene elegir un vino que también tenga buena frescura, porque uno con muy poca acidez puede sentirse apagado al lado de la salsa.
Una opción segura es un tinto joven, frutado y de cuerpo medio, preferentemente sin demasiada madera. Sangiovese, Barbera o algunos tintos jóvenes funcionan bien con un fileto o una pomarolla.
Si la salsa también lleva carne y tiene un sabor más profundo, podemos buscar un vino con algo más de cuerpo, como un Cabernet Franc o un Tannat joven que no sea excesivamente intenso.
Pastas con pesto y hierbas
En una salsa con pesto, la albahaca, el ajo y el aceite de oliva ocupan el centro de la escena. Los vinos blancos frescos y con notas herbales suelen acompañar muy bien esos sabores.
Un Sauvignon Blanc o un Vermentino son buenas alternativas. También puede funcionar un espumoso seco, especialmente si buscamos una combinación más liviana y refrescante.
Los tintos muy potentes o con muchos taninos pueden tapar la frescura del pesto y hasta volver más amarga la percepción de las hierbas.
Salsas cremosas y quesos
Las salsas con crema, manteca o quesos necesitan un vino con suficiente acidez para limpiar el paladar, pero también con algo de cuerpo para no desaparecer frente al plato.
Un Chardonnay con poca madera o un Pinot Grigio pueden acompañar muy bien una salsa cremosa. Si el queso tiene un sabor suave, conviene mantener el vino en esa misma línea. Frente a quesos más intensos, podemos elegir una opción con mayor estructura.
Pastas rellenas
En los ravioles, sorrentinos, capellettis y otras pastas rellenas, la elección depende de la combinación completa.
Los rellenos suaves, como ricota, calabaza o algunos vegetales, suelen llevarse bien con vinos blancos, rosados o tintos muy ligeros. Las carnes, los hongos y los quesos intensos permiten pasar a vinos con más cuerpo.
La salsa sigue teniendo la última palabra: un mismo raviol puede necesitar vinos distintos si lo servimos con manteca y hierbas, con una salsa de tomate o con una preparación cremosa.
Pastas con pescados o mariscos
Para estas preparaciones suelen funcionar los blancos frescos y secos, como un Albariño o un Sauvignon Blanc. También puede elegirse un espumoso seco.
Si el plato incluye tomate, podemos considerar un rosado con buena acidez, capaz de acompañar tanto la frescura del mar como la intensidad de la salsa.
La mejor combinación también es la que disfrutás
Las reglas del maridaje sirven como orientación, no como una obligación. El gusto personal siempre importa y a veces la mejor elección es, sencillamente, abrir ese vino que disfrutamos y compartirlo con una buena pasta.
En Dicomo creemos que alrededor de la mesa no hace falta rendir examen. Alcanzan una pasta bien elegida, una copa que la acompañe y las ganas de disfrutar.



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